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Personas con las que se comparten estas historias:

domingo, 26 de abril de 2015

Dagoberto Talavera



Entre jardines, maquetas y niños.

Dagoberto Talavera tiene treinta y siete años, es trabajador en el área de mantenimiento y servicios generales en el ITESO (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores en Occidente), esposo, padre de familia de tres y estudiante de arquitectura de tercer semestre con noventa y tres de promedio general.


Me da un fuerte apretón de manos y dice con voz un poco nerviosa, “Dagoberto Díaz Talavera, con v, como la cerámica.”  Tiene un aspecto muy peculiar, siempre una sonrisa en el rostro debajo de su pequeño bigote y una mirada llena de curiosidad, lleva una polo color crema que le queda un poco grande, una gorra del mismo color con el visor para atrás y un lápiz arriba de cada oreja, uno azul y uno rojo. Nos presentamos y decidimos sentarnos en una banca.


—¿Cómo es que te das tiempo de poder ser tantas personalidades al mismo tiempo, trabajador, esposo, padre y estudiante? — pregunto, el me mira, suspira, y levanta las cejas al mismo tiempo que muestra su amplia sonrisa.

—Es difícil, muchas veces tengo que sacrificar noches de sueño, algunas veces termino las tareas a las cinco, seis de la mañana cuando tengo que levantarme a las siete a trabajar, otras veces he tenido que sacrificar tiempo con mi familia, pero creo que vale la pena — contesta con un poco de dolor en la mirada ante esto último.


— Bueno, y cuéntame ¿Cómo fue que decidiste estudiar ahora?

—  Es una larga historia, la verdad, todo inició porque yo dejé mis estudios cuando tenía quince años, y mi madre siempre quiso que la terminara, me metió a escuelas abiertas pero yo por andar de vago nunca iba y volví a salirme. Al paso del tiempo entré a trabajar al ITESO en el área de intendencia, hace seis años, en el área de intendencia, y la encargada de educación abierta me ofreció seguir estudiando y pude terminar la secundaria, después me inscribieron, así nada más, sin pedirme permiso, sin preguntarme en la prepa, y ahí fue un desmadre, entre la familia y los dos trabajos que tenía pues me tomó seis años terminarla. Ya estaba dispuesto a quedarme así, hasta que un día mientras limpiaba una graduación de aquí, recordé a mi mamá que quería que terminara de estudiar, y pensé que sería bueno terminar de una vez la universidad.

—¿Y por qué te decidiste por la arquitectura? —

—Esa es otra historia, toda mi vida he sido albañil desde pequeño, mi padre lo era, mis hermanos lo son, entonces creo que tengo mucha experiencia con la construcción. — 

Noto a Dago menos tenso y se acomoda de nuevo en la banca, comienza a hablar con más fluidez y ahora sus manos son parte de su explicación.

—La arquitectura es parte de mí, y aunque mi familia nunca me ha reprochado nada en los tres semestres de universidad, yo sé que si me causa problemas porque la emoción o el gusto por estar haciendo algo de repente se vuelve como la arquitectura todo y hago la familia a lado, pero también lo entienden porque cuando ven las maquetas o trabajos finales, dicen que está bonito y que si vale la pena. — dice Dagoberto complementando su respuesta.





—La carrera de arquitectura es muy cara, y no sólo por la colegiatura si no por los materiales que se utilizan para las maquetas y demás ¿Cómo le haces para manejar eso? — le pregunto
.
—La verdad es que reciclo material que los alumnos tiran, algunos otros ya saben que reciclo y me regalan lo que ya no ocupan, e incluso otros compañeros que tienen la posibilidad económica de comprar más, me compran materiales nuevos a mi  — Sonríe al decir esto último.  — Hay demasiado apoyo de mis compañeros, e incluso de los maestros, me apoyan mucho. —


¿ Alguna vez tuviste dudas de no poder hacerlo cuando decidiste arriesgarte?

Dagoberto eboza una de esas sonrisas amplias que le quedan tan bien, y su mirada ahora tiene un toque de felicidad que hasta parece le brillan más los ojos, se aclara la garganta y me contesta.

— Es parte de mí, mis hermanos que son albañiles me enseñaron desde chico lo que eran los planos y muchas cosas básicas, aparte tengo un pensamiento, creo que “Todo lo puedes hacer, es cuestión de que tu lo quieras, a veces hay que sacrificar ciertas cosas pero si realmente lo quieres pues puedes lograrlo.


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