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Más de 7 300 000 000 personas en el mundo... ¿Te imaginas la cantidad de historias por contar?

Personas con las que se comparten estas historias:

miércoles, 6 de mayo de 2015

Don Vicente, como el Fernández.


Él es Don Vicente, trabaja en el piso más pegado al suelo del Mercado de San Juan de Dios. Vende loganiza, cesina y otras carnes.  Él es en definivita una persona de esas que vale la pena conocer. Al acercarme y preguntarle si podría tomarle una foto sólo sonrió y asintió. Después comenzó a experimentar diferentes poses, reír y platicarnos que a él le decían Vicente, como el Fernández.

Me preguntó si muchas personas verían su foto y lo iba a hacer famoso, que ojalá y si. Es por eso que creo que su historia y su sonrisa valen la pena compartirse aquí.

Aunque muy corta, nuestra conversación terminó con un apretón de manos y muchas ganas de volver a platicar con él.

martes, 28 de abril de 2015

Moldes, partitura y barro.

Entrar a su taller es como conocerlo.
Detrás del esmalte, el barro y los moldes se ve él.  
Paco Padilla, con una sonrisa en su rostro y un mandil azul marino en su cuerpo. Hombre de poco cabello y grandes ideas. 
Nos muestra su espacio con orgullo y toma algunas piezas inconclusas para terminarlas frente a nosotros. Toma un pincel, se sienta y empieza la magia. En tres minutos la pieza tenía un significado diferente. Paco Padilla no es sólo alfarero, es cantautor. Y nos lo demuestra sacando su compañera de seis cuerdas y deleitándonos con su música. Un par de manos bien aprovechadas. Un par de manos que hacen arte y un mundo mejor. 
Sus canciones hablan de la vida, de la cotidianidad y de la alfarería. Es un momento extraordinario.
Podría escucharlo todo el día. 
Sin embargo, Paco Padilla debe regresar a trabajar en su taller

Maria Estrella.

María Estrella se sienta en las escaleras a comer un chayote cocido, lo muerde y pela con una facilidad que sorprendería a cualquiera, menos a su madre, quien se encarga de enseñarnos y hacernos ver "lo bien que se nos ve" el chal y la blusita que acaba de tejer. María Estrella me enseña su mejor sonrisa, y nos invita a conocer su cocina, dónde su madre no muchos años mayor que ella, nos prepara unas tortillas en su comal y nos las invita con "quesito" y salsa. El calor de las brasas, y las ganas de vivir que se respiran en ese hogar de Zinacatán, nos hace sentir en casa.
María Estrella sabe andar descalza, posar y sobretodo, sabe sonreír.

El mundo sobre ruedas.

Hoy conocí a Maclovio y a Jeremy haciendo monociclo.
Les pedí que le contaran al mundo un poquito sobre ellos diciéndome lo primero que se les viniera a la mente. Esto es lo que dijeron: 



 




Maclovio
• Chido one knovy
• Enamórate todos los días. 












 



Jeremy:

• Odio no es lo contrario de amor
• Reír es importante 
• El mundo es absurdo. 

domingo, 26 de abril de 2015

Dagoberto Talavera



Entre jardines, maquetas y niños.

Dagoberto Talavera tiene treinta y siete años, es trabajador en el área de mantenimiento y servicios generales en el ITESO (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores en Occidente), esposo, padre de familia de tres y estudiante de arquitectura de tercer semestre con noventa y tres de promedio general.


Me da un fuerte apretón de manos y dice con voz un poco nerviosa, “Dagoberto Díaz Talavera, con v, como la cerámica.”  Tiene un aspecto muy peculiar, siempre una sonrisa en el rostro debajo de su pequeño bigote y una mirada llena de curiosidad, lleva una polo color crema que le queda un poco grande, una gorra del mismo color con el visor para atrás y un lápiz arriba de cada oreja, uno azul y uno rojo. Nos presentamos y decidimos sentarnos en una banca.


—¿Cómo es que te das tiempo de poder ser tantas personalidades al mismo tiempo, trabajador, esposo, padre y estudiante? — pregunto, el me mira, suspira, y levanta las cejas al mismo tiempo que muestra su amplia sonrisa.

—Es difícil, muchas veces tengo que sacrificar noches de sueño, algunas veces termino las tareas a las cinco, seis de la mañana cuando tengo que levantarme a las siete a trabajar, otras veces he tenido que sacrificar tiempo con mi familia, pero creo que vale la pena — contesta con un poco de dolor en la mirada ante esto último.


— Bueno, y cuéntame ¿Cómo fue que decidiste estudiar ahora?

—  Es una larga historia, la verdad, todo inició porque yo dejé mis estudios cuando tenía quince años, y mi madre siempre quiso que la terminara, me metió a escuelas abiertas pero yo por andar de vago nunca iba y volví a salirme. Al paso del tiempo entré a trabajar al ITESO en el área de intendencia, hace seis años, en el área de intendencia, y la encargada de educación abierta me ofreció seguir estudiando y pude terminar la secundaria, después me inscribieron, así nada más, sin pedirme permiso, sin preguntarme en la prepa, y ahí fue un desmadre, entre la familia y los dos trabajos que tenía pues me tomó seis años terminarla. Ya estaba dispuesto a quedarme así, hasta que un día mientras limpiaba una graduación de aquí, recordé a mi mamá que quería que terminara de estudiar, y pensé que sería bueno terminar de una vez la universidad.

—¿Y por qué te decidiste por la arquitectura? —

—Esa es otra historia, toda mi vida he sido albañil desde pequeño, mi padre lo era, mis hermanos lo son, entonces creo que tengo mucha experiencia con la construcción. — 

Noto a Dago menos tenso y se acomoda de nuevo en la banca, comienza a hablar con más fluidez y ahora sus manos son parte de su explicación.

—La arquitectura es parte de mí, y aunque mi familia nunca me ha reprochado nada en los tres semestres de universidad, yo sé que si me causa problemas porque la emoción o el gusto por estar haciendo algo de repente se vuelve como la arquitectura todo y hago la familia a lado, pero también lo entienden porque cuando ven las maquetas o trabajos finales, dicen que está bonito y que si vale la pena. — dice Dagoberto complementando su respuesta.





—La carrera de arquitectura es muy cara, y no sólo por la colegiatura si no por los materiales que se utilizan para las maquetas y demás ¿Cómo le haces para manejar eso? — le pregunto
.
—La verdad es que reciclo material que los alumnos tiran, algunos otros ya saben que reciclo y me regalan lo que ya no ocupan, e incluso otros compañeros que tienen la posibilidad económica de comprar más, me compran materiales nuevos a mi  — Sonríe al decir esto último.  — Hay demasiado apoyo de mis compañeros, e incluso de los maestros, me apoyan mucho. —


¿ Alguna vez tuviste dudas de no poder hacerlo cuando decidiste arriesgarte?

Dagoberto eboza una de esas sonrisas amplias que le quedan tan bien, y su mirada ahora tiene un toque de felicidad que hasta parece le brillan más los ojos, se aclara la garganta y me contesta.

— Es parte de mí, mis hermanos que son albañiles me enseñaron desde chico lo que eran los planos y muchas cosas básicas, aparte tengo un pensamiento, creo que “Todo lo puedes hacer, es cuestión de que tu lo quieras, a veces hay que sacrificar ciertas cosas pero si realmente lo quieres pues puedes lograrlo.


martes, 3 de marzo de 2015

Bienvenida.

Acá entre nos...y el mundo entero, es un espacio para contar historias de personas comunes y corrientes pero con historias extraordinarias que contarnos.

Una noche pensé que era justo saber más sobre la gente, conocer lo que tienen por contarle al mundo y entonces, ayudarles a repartir el mensaje. De esa idea salió ¡ACA ENTRE NOS...y el mundo entero!